Después de saber que mi mascota, una preciosa Westie rubia platinada, llamada Diva, se encontraba embarazada. Yo no tenía la plena seguridad de cuándo sería el día del parto, pero les contaré que un día antes se encontraba muy inquieta, presentaba ya un embarazo muy avanzado que le hacía complicado moverse, el cual evidentemente le generaba varias incomodidades y molestias. Así que me di a la tarea de preparar su nido.

Busqué ubicar el nido en el sitio más cómodo posible en nuestro pequeño departamento, debía ser cálido, no podía tener corrientes de aire y tampoco estar en un lugar cercano al constante paso de los miembros de la casa, lo que no fue sencillo, pues debí reubicar para ello varios muebles. Para construir el nido, recicle varios materiales, empleé esponjas con las que habíamos tapizado las sillas, les di forma rectangular para después forrarlas con tela polar; eso me daría la seguridad que sería cálido, confortable, tendría el aroma habitual de nuestra casa, además supuse que sería más rápido aceptarlo como su nuevo espacio ya que su pequeña cama no sería suficiente para albergar a los nuevos cachorros. Fue un día lleno de actividades y cuando por fin termine de elaborar el nido la noche casi terminaba; las fuerzas me abandonaban, pero intente que Diva durmiera esa noche en el nido para que comenzará a habituarse, pero se negó rotundamente; las molestias que sentía la habían dejado agotada así que decidí no insistir y la dejé que me acompañara en la habitación, casi de inmediato ambas estábamos en un profundo sueño.
Era una madrugada templada de septiembre del 2011 cuando el momento tan esperado de los últimos meses parecía llegar. Aproximadamente a las tres de la mañana un pequeño pero insistente llanto me despertó, era una pequeña cachorrita que sobre mi cama acababa de romper la bolsa de placenta que la envolvía. Inmediatamente me alerte y preocupe al ver toda mi colcha empapada en sangre, pero Diva no se encontraba ahí, después de poner en un lugar seguro a la cachorrita comencé a buscarla, al final la encontré en un rincón del closet.
Al encender la luz me percate que había varias huellas de sangre por toda la habitación, revisando cada espacio iba descubriendo pequeñas bolsas, recolecté un total de cinco, comencé a reventarlas para sacar a los cachorros, darles respiración y masaje al corazón con la intención de reanimarlos pues ninguno parecía tener vida. Para mi fortuna, poco a poco los cachorros fueron respirando y después empezaron a llorar. Una vez reanimados corrí a buscar alcohol, hilo y tijeras para cortar y cerrar los cordones umbilicales, esto me significó mucho esfuerzo, especialmente el controlar el pulso pues me sentía cansada y realmente preocupada pues no sabía cómo se encontraba la salud de mi perrita; nunca había presenciado el nacimiento de una camada. Acerqué los cachorros a la madre, pero esta se negaba a tenerlos a su lado, ella estaba sumamente atemorizada; fue difícil tranquilizarla, pero después de varios minutos, por fin los llantos pararon cuando logré que los amamantara.
Cuando el sol salió, mi habitación parecía la escena de una película de terror, pero del otro extremo una familia se había formado y todo parecía valer la pena. Mi pequeña heroína, requirió mucha fuerza para nacer y su inocente llanto fue la clave para salvar la vida del resto de sus hermanos; por esta razón decidí llamarla Maya, pues recordé dos de los valores fundamentales que guían las enseñanzas de padres a hijos en la cultura maya, estos parten del respeto por todo lo que tiene vida y el sentido de responsabilidad como protectores de la naturaleza que es considerada sagrada. En la cultura maya, el ciclo de la vida no solo se reduce a nacer, crecer, reproducirse y morir, sino que intercala el “trascender”.
La trascendencia es el legado que se deja a la humanidad, al mundo y a los demás seres vivos. Es nuestra estrella, misión o don particular que nos permite alcanzar nuestro propósito en la vida.
Soy Gabriela Castro, me encuentro en reconstrucción desde comienzos del 2020 disculpen las molestias que esta indecisión les pueda causar…
Sigo buscando mi lugar en este mundo, no me gusta etiquetarme, solamente disfruto reinventandome y esta pandemia fue un excelente pretexto.
Agradezco enormemente a PÁAK’AL las herramientas proporcionadas y la grata compañía en esta aventura grupal


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