Mi relación con la naturaleza desde que recuerdo era de apego, ella me daba de comer y yo la cuidaba, con tan solo la niñez de fondo me resultaba fantástico trepar árboles, me era casi inevitable ver cada uno de los engranajes que conforman mi pequeña vida y gracias a la naturaleza hoy mi mente se encuentra plasmada de quelites, nopales elotes tiernos y un sinfín de árboles trepados y por supuesto animales que desafortunadamente no he vuelto a ver más que en mis recuerdos como lo son las tuzas.
El crecimiento de mi cuerpo y el desarrollo de mis pensamientos me llevaron a un desconecte total por mucho tiempo de aquella hermosa conexión con la madre tierra, ahora solo son recuerdos que me persiguen y me dibujaban sonrisas que exigían suspiros de nostalgia.
Después de ser presa de la nueva era tecnológica en la que vivimos puedo decir que mi niñez fue tan plena que la tierra era mi casa y yo comía de sus frutos, lo cual se ha olvidado por distintos contextos como el crecimiento demográfico y el acelerado proceso que vivimos correteados por tecnología; pero que es también gracias a todas estas tecnologías que conozco más mi mundo que me adentro en los 5 corazones de las lombrices y que agradezco su enorme parte que hacen en esta cadena alimentaria, es por ello que defiendo a las hormigas, porque respeto su parte que hacen en mi ecosistema, es por eso que escucho trinar las aves haciendo su concierto a todos los elementos en la tierra y es por ello que hoy ,más que nunca buscó la conexión con la madre que me crió para que me permita sentirla y ayudarla a repararse.

Quiero hacer composta en mi urbe porque quiero recuperar mi lugar en mi ecosistema, quiero ser parte de los nutrientes que me devuelva en frutos la madre tierra, quiero ser esa que la ayuda, esa que la guarda en sus recuerdos, pero que no la olvida, yo solo quiero regresar a donde pertenezco.
Rubi Natividad Ortiz Mendoza, amante de la cultura y lo verde.

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