
El tema del amor es algo que se fue construyendo a partir de creencias, costumbres, valores y normas que formaban o forman un ritual de cortejo que por siglos o años se han ido reproduciendo constantemente y, a su vez, se han adaptado a las formas contemporáneas de nuestras nuevas interacciones sociales; es decir, hablar de amor es hablar de amores, de nuestros amores y aunque parezca redundante, no lo es, porque es un tema que se hace presente desde las conversaciones más banales hasta en los debates más intelectuales que hemos podido presenciar. Es siempre la tendencia en aquellos grupos de WhatsApp o Telegram, TikTok, etc; por buscar un porqué del sentimiento, actualizar las distintas formas de expresarnos, acercarnos a nuestro vínculo confidente y confiable para pedirle ayuda, consejo y/o apoyo, finalizando con una decisión ya sea el acercarnos o alejarnos de ese alguien que nos emociona; pero ¿Por qué? ¿Para qué hacerlo? ¿Hay una necesidad? Es aquí donde me surgen una y más preguntas ¿Por qué al denominar amor o desamor a nuestro sentir, recurrimos a las dedicatorias de canciones, poemas, imágenes, frases o hasta memes? ¿Qué sabemos sobre el amar? A lo mucho creemos conocer por lo que nos han enseñado las primeras personas que han tenido un vínculo emocional con nosotres, sin descartar que los medios de comunicación, también es uno de los principales canales de enseñanza emocional. El tema del amor es la preferencia de todo tipo de público, ya sea para la crítica, el humor, etc.; es el impulso para crearnos historias, historias para ser comprendidos y aceptados, creamos sentimientos, nos inspira.
Amor y amar, la encrucijada en cada momento de nuestra vida, lo que enfocamos en cada una de nuestras acciones. Desde que nacemos manifestamos emociones, nos educan a partir de eso, identificarlos para poder expresarlo o no hacerlo, las personas que han sido guías emocionales – en su mayoría – se basar a partir de las propias experiencias, así como también, por los medios de comunicación, acto seguido que el aprendiz sigue esos mismos pasos.
La influencia dentro de los medios de comunicación son más que el simple contenido, muestran la vida y costumbres cotidianas de las personas a partir de un discurso tanto verbal, auditivo y visual, un discurso que mueve sentimientos desde las pasiones más puras hasta la sensualidad y seducción que conllevan un ritual del cortejo amoroso. He de aclarar que por cortejo amoroso no solo es la relación en pareja monógama heterosexual, si no que, involucramos un ritual de convencimiento y conquista en lo que decidimos hacer para ser parte de aquello que nos emociona, ya sea la carrera que decidimos estudiar, el oficio, las amistades y hasta la construcción de la familia (sanguínea o por elección); pero, así como ya lo había mencionado, tenemos influencias que entran en nuestro subconsciente y determinan nuestras preocupaciones, obligaciones y hasta culpas emocionales; por ejemplo: el 14 de febrero, la fecha que hace sentir la obligación de amar o ser amados por alguien que cumpla las reglas del “Amor Disney” o mejor conocido como “Amor Romántico”, un amor de posesión, ser de alguien y tener a un alguien por el simple hecho de que es “el día del amor”, pero también es el día de la amistad, pero ¿si no tenemos el amor o la amistad ese día, no podemos amar?
Existe un discurso, una historia, una cultura por seguir (o que nos han hecho creer que debemos seguir), lo tomamos como un hecho sin cuestión, así como el fiel creyente ante la existencia de una deidad y es posible que sea eso, al no cuestionar nos convertimos en creyentes, pero no fieles porque seguimos buscando lo prometido, como el tal Tomas “Hasta no ver, no creer”; y cuando vemos, vivimos, sentimos, pero no como en las películas o los videos de 15 segundos de amor romántico consumidos por las redes o medios sociales de comunicación, morimos en la decepción y llegamos al escepticismo, vacío, enojo y tristeza de lo que creíamos que era, entonces construimos desesperanzas, culpas y agonías a partir de una emoción mal educada. Amar.
El mundo virtual que conecta a miles de personas informando, entreteniendo y educando, nos brinda el amor instantáneo dentro de una variedad de plataformas, creamos y mostramos un avatar que sea agradable visualmente ¿La intención? Puede variar, ya sea para tener amistades o un tipo de relación “estable”, pensamos que a partir del amor tendremos estabilidad, buscar afuera de nosotros la seguridad emocional, el cual solo depende de uno misme. Esto último pueden consultarlo con cualquier terapeuta psicólogo profesional o investigarlo por Google como: amor propio.
¿Por qué aquella persona por la que emitimos un sentimiento puede ser lo más puro y dulce que hemos poseído en la vida y, de pronto, es la perdición, el dolor más despreciable de nuestro sentir? ¿Conocemos nuestros sentimientos? o ¿Solamente aquello que creemos es amar? Las personas que componen el argumento del sentimiento también dan la guía de los rituales del amar como el bailar o solamente escuchar esa persona que resulta ser un hermoso tesoro, pero también puede ser quien hiere y dejará marca en nuestra historia de vida.
El amor instantáneo es el resultado de este guión social predeterminado a partir de la memorización de acciones para llegar al enamoramiento, por decir, cada vez que escuchamos una canción la mente memoriza frases, melodías o una tonada peculiar (aunque no se recuerde al compositor o intérprete). Al escuchar esa pequeña historia de tres minutos o más, la persona se identifica, la recuerda y mecánicamente la memoria trabaja haciendo una repetición continua de la letra o el mensaje concreto de lo que debería ser. Pero entonces ¿Realmente qué es amar? ¿Qué es el amor? y ¿Solamente existe una forma de amar? Pues no, no soy quién para hablar de lo que es certero o no, pero tampoco nadie es quién para decir que sí lo es. Todos venimos de una construcción social y este determina muchas actitudes de nosotres hacia nuestro entorno y cuestionarlo es el primer quiebre para entender lo inentendible y es por eso que al querer conocer más de ello encontramos distintas manifestaciones, entre ellos, el poliamor, el amor libre, el amor platónico, el amor a nuestros amigues, etc.
Retomando el ejemplo de las canciones, se puede apreciar el carácter performativo (orden indirecta inscrita en palabras o frases) dando a entender el modelo ejemplar de lo que debe tener un “verdadero amor”, con temas que desde la primera impresión familiariza sus vivencias, creyendo que las relaciones son así y tener momentos o pasos cronológicos como el conocerse, entenderse y estar juntos para siempre, sin dejar de lado una trama con un drama y al paso del tiempo llegar al final deseado: un final feliz. Así es a donde llegamos a un código retórico del amor.
El despecho, el desamor, el amor no correspondido, la separación también han sido temas favoritos del público desde lo que escuchan, observan y sienten; ya que son relatos de vida pasionales ya sea fugaz o por periodos, pero con una perspectiva clásica de un espacio romántico, por ejemplo, una noche en la playa disfrutando del mar; o aquella escena del balcón en espera de ser abierto ante la serenata del amartelado, inmortalizamos ese cuadro romántico para el verdadero amor, la imagen perfecta que las películas o las novelas tanto literarias como televisivas nos han ilustrado. La secuencia cronológica de una historia de amor no es posible que surja tal cual como se es planeado, pero esto no descarta que lo que estamos viviendo sea el sentir real de una situación que brinde una larga historia, pero también puede ser breve y es por esto que al examinar el discurso romántico debe criticarse y no pensar que el chantaje, la culpa, el apego emocional, entre otros, es lo que es ser amado. Es decir, indirectamente creamos un deseo, después podemos ver una advertencia, rogamos por tener ese deseo, llegamos al mandato y como en cadena interpretamos que la violencia es la manera de amar.
La cultura lírica musical tiene un infinito repertorio sobre guías de amor romántico que normaliza la invasión, la presión social, culpabilizar y enjuiciar al otre por los sentimientos de apego emocional y no cumplir bajo las normas predeterminadas en las que hemos sido educades día a día, esto lo podemos ver en todo género musical, pero siempre existe uno que influye más que otro y en México desde hace muchos años el bolero fue un género musical que influyó mucho y ha sido gran inspiración dentro de la balada pop, las rancheras, banda, el rock, entre otros; que a partir del impulso de los medios masivos, repartió el apreciado discurso del amor romántico a la mexicana, dando como resultado una la clase de educación sentimental que se vive de ideas machistas y misóginas que hoy en día sigue, algunas veces disfrazada y otras muy explícita, dando gusto a las declaraciones amorosas. Hacemos uso de lo simbólico para pedir la aceptación, unión, cariño y aprecio, pero también hacemos uso de esto para la separación; usar la metáfora como expresión del destino y deseo no solo es una expresión banal, todo tiene un porqué y un transbordo que son manifestaciones que podemos brindar a otros seres con los que convivimos a diario, como una negociación constante de las emociones y el amor es el punto más fuerte e importante en el juego de las convivencias sociales.
En conclusión, pareciera que todo habla de amor como si fuera aquello que impulsa a la continuidad de nuestros días en este mundo complicado y actualmente pandémico, buscando la certeza o la seguridad de algo entre tanta incertidumbre, buscamos un alguien hasta por debajo de la cama, así como dice Ana Bárbara, solemos tener un corazón roto – metafóricamente hablando – por un amor desesperado sin buscar doctor para no morir de amor, es decir, ir a terapia psicológica o alguna guía que brinda salud mental porque todo esto influye en nuestro sentir para actuar y convivir; y sí queremos esa estabilidad y certeza de nuestro bienestar simplemente hay que responsabilizarnos de nosotres y buscar ayuda para no reproducir una violencia disfrazada de amor, abrirnos a todas las posibilidades que nos brinda ese sentir, vivirlo y respetar a lxs otres. Entramos en un círculo vicioso de patrones de conductas restringiendo emociones bajo juicios y penas que al final ni disfrutamos el enamoramiento; y la verdad, “¿qué necesidad? ¿para qué tanto problema, no hay como la libertad de ser, de estar, de ir de amar, de hacer, de hablar, de andar así sin penas” tal como lo dijo hace mucho nuestro divo de Juárez.
Huitzilin Martínez.
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