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Miriam Vázquez Durán
“Caminabas con paso firme hacia el absoluto desastre”. Era una cita que había leído en Señas de identidad, una novela de Goytisolo, dos años antes y se me quedó. Se me quedó y la use para aferrarme a la idea de que “caminar con paso resuelto hacia el absoluto desastre” era lo mejor que podía hacer ahora que camino por Av. Zaragoza con el corazón destrozado y una bolsa llena de comida chatarra para sanar el dolor emocional que tus chingaderas me dejaron y el dolor al ego, porque en un solo día perdí todo, hasta el trabajo.
Miro a la gente caminar y me pregunto: ¿Qué puedo hacer que no sea darme en la madre? ¿Quedarme sola otros cinco años? ¿Retraerme? ¿Llorar desconsolada en mi cama por semanas esperando que te arrepientas, que descubras que sí me quieres, que la regaste? Obvio no, esto no es una comedia romántica. Esto NO ES ROMANCE. Nunca lo fue.
¿Rogar? Menos, ni tengo el estómago, ni las ganas, ni tu eres Henry Cavill. Ni yo soy la protagonista de ninguna historia cursi de esas que salen en la tele y que nos meten por los ojos y oídos desde niños. Pienso que faltar a la moral sería lo ideal, que la monogamia es un convencionalismo, moralino y religioso para que no pueda disfrutar de mi propia promiscuidad sin que los demás pongan el grito en el cielo. Porque mi historial sexual no debe llegar a dos cifras según Vogue, porque luego no podré casarme y… ¡Qué esto no es una comedia romántica!
¿Casarme? No, tampoco quiero eso. No lo necesito, no ahora y tal vez nunca. Porque en el fondo sigo buscando al “indicado” y ese, definitivamente, tampoco eres tú. No cantas, no regalas flores (al menos no a mí), ni montas a caballo, no tienes ninguna gracia… ¡Qué no! ¡Entiende, esto no es una comedia romántica!
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Han pasado dos semanas desde que terminamos. Me encuentro afuera de un bar de mala muerte sin decidirme a entrar y ver al fulano con el que quedé de verme. Porque la lógica popular dicta “un clavo saca a otro clavo”; jamás lo creí, pero a falta de martillo, probaré con un clavo. Me repito veinte veces que “esto no es una comedia romántica”, hago de tripas corazón y me lanzo por el precipicio… hacia el absoluto desastre.
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