Entre la película The Queen (1969) y la serie Rupaul’s Drag Race (2009-presente) encontramos el documental Paris is Burning (1991) obligada para familiarizarnos con la entonces subcultura del Drag.

Antes de una estilizada y culta Sasha Velour, se erigió la extravagante Crystal LaBeija; antes del modelaje de Naomi Smalls se hizo lugar Dorian Corey con su estilo de show girl. Mucho antes de que naciera House of Edwards, House of Xtravaganza acogió a numerosos jóvenes homosexuales en su familia.

Lo que hoy conocemos como mainstream, glamour, fama y orgullo encuentra sus raíces como una subcultura, dentro de muchas, pero dotada de un corazón y un encanto que todavía hoy a muchos nos conmueve y nos inspira.
Si bien Drag Race nos presenta una versión editada y pulida del arte del Drag, afortunadamente hace gala y honra la historia queer que permitió que hoy podamos ver atisbos de este arte casi todos los viernes por la noche (Que desde el 2009 hemos disfrutado de manera casi ininterrumpida). Llegué a “Paris is Burning” poniendo atención a las referencias que hace RuPaul durante gran parte de los episodios de su serie principal.
“Paris Is Burning” es definitivamente una referencia obligada para cualquier interesado en el Drag o simplemente en la historia LGBTQ. El aire que inunda la producción está repleto de autenticidad, corazón; se ubica en la vida nocturna de Nueva York de los 80’s cuyo mundo underground y arte drag no puede ser comprendido en su totalidad sin tomar en cuenta las protestas de Stonewall.
Mi padre solía decirme que tenía tres cosas en contra mía. Ser hombre, negro y homosexual. “Lo vas a pasar muy mal” me decía.
Si bien Stonewall cimbró y dio pie a la lucha de los derechos LGBTQ, no terminó de limpiar el estigma social que aún para los 80’s permeaba a estas minorías. Y bajo ese umbral comienza Paris… abriendo escena con la pasarela de Pepper LaBeija, la entonces Madre de la familia La Beija, sin embargo no sólo las Drag Queens llegaron a presentarse en estos desfiles; también se presentaron hombres y mujeres cis y a veces heteros bajo distintas categorías.
La continua construcción y consolidación de este ambiente acogía a quien quisiera modelar desde trajes de empresarios hasta la más ostentosa ropa de invierno ¿Tenías la ropa? ¿Quieres desfilar por la pasarela? Eran al menos los primeros pasos para abrirte camino en el escenario de un modesto local que fungía como teatro para estas presentaciones, que contaba sólo con lo básico para terminar de darle forma a la ilusión.
Naturalmente, en el corazón de uno de los países no sólo más homofóbicos sino racistas guarda sentido que se mantenga lo underground de este mundo como parte de lo socialmente marginado. Ya no sólo por preferencia sexual, identidad de género sino también de raza.
Estas pasarelas se mantenían gracias a la aspiración de todos sus integrantes de salir, aunque sea momentáneamente, aunque sea por una noche, de esta marginalización. La esencia del desfile era justamente demostrar que podías ser tan oficinista o tan militar como un hombre cis blanco heterosexual, tan estudiante como cualquier joven clase media, tan mujer como cualquier mujer cis. La multiplicidad que conformaba este mundo enriquecía su cultura, aumentaba su alcance y llenaba de cada vez más participantes estos eventos.
A través de este documental conocemos las historias de familias como la Xtravaganza, LaBeija, Pendavis, Ninja. “Apellidos” que en principio no nos dicen nada, pero conforme se nos muestra más, comenzamos a simpatizar con las historias de sus integrantes. Desde Willi Ninja, creador del estilo de danza llamado Vogue, la agridulce historia de Venus Xtravaganza, una de las integrantes más jóvenes de la casa Xtravaganza y la inspiradora lucha de la reina trans, Octavia St. Laurent.
En este filme podemos apreciar cómo este círculo urbano se nutría de la cultura pop de la época y le dotaba de un carácter único. Este mundo no sólo nos heredó las consagradas categorías y vocabulario que ahora nos puede ser tan familiar; nos da un boceto del alma que hay detrás de cada expresión, cada lentejuela y cada pluma. Por ejemplo, las expresiones Reading y Shade, siendo el Reading una suerte de lectura de defectos hacia otra persona y exagerarlo. Mientras que el Shade que parecido a lo anterior tiene la característica de que siempre tiene que ser más gracioso que hiriente. Destaco estos dos términos porque estos actos surgen como una resistencia al constante acoso que sufrían estos grupos, no hay que olvidar que era muy normal hostigar y maltratar a quien tuviera actitudes o apariencia distinta a la heteronorma. El desfilar, el Shade, el simple hecho de vivir, y ya no sólo de sobrevivir, era un acto de resistencia.

“Paris is Burning” es una de las piezas fundamentales para comprender la ahora ¿mainstream? cultura del Drag; ninguna de las personas que aparecieron en este documental pudieron haber imaginado el alcance que tendrían sus historias, mucho menos que ahora serían parte de la cultura pop que consumían y resignificaban. Y aún con todo es sólo uno de los cristales a través de los que podemos ver este brillante y diverso mundo, nacido en uno de los otrora rincones más oscuros de nuestra sociedad.
Darien Rosales, trabaja temas de historia, filosofía de la historia y de arte, es parte de Páak’al.

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