Queer coding: o por qué crecí queriendo ser un villano de Disney

6–9 minutos
Lesbian and gay pride de Phillipe Leroyer, bajo licencia de Creative Commons (CC BY-NC-ND 2.0)

Hasta hace relativamente poco no me había cuestionado a fondo por qué las personas dentro de la comunidad LGBT+ nos identificamos tanto con los villanos en el cine. Una parte de mí entendía que era porque sus apariencias y actitudes están creadas para evocar características estereotípicas asignadas a personas no heterosexuales. Sin embargo, desconocía qué había detrás de estas elecciones que, para bien o para mal, han sido una norma en los medios masivos. Así descubrí que desde las películas infantiles hasta el cine de horror, la codificación queer es un denominador continuo. 

Escuché por primera vez el término queer coding, o codificación queer, en un video de James Somerton, al que llegué en medio de una de esas búsquedas de madrugada sobre el famoso queerbaiting. En su video nos permite ver que, el nacimiento de este fenómeno,  obedece principalmente a los esfuerzos por circunvalar las normas impuestas por el código Hays que, para no hacer el rollo muy largo, era el código de autocensura que debían seguir las producciones cinematográfica hechas y exhibidas en los Estados Unidos, y que logró mantenerse vigente desde los años 30 hasta mediados de los 60. 

Una de sus reglas más prominentes, esto incluye sus posteriores reformas, es que no se permitía la insinuación de “perversiones sexuales”. Me gustaría decirles que esto solo habla de cosas escatológicas salidas de una novela de Sade, pero les estaría mintiendo. Esto hacía que cualquier cosa que no fuera heterosexual y/o casta, porque Dios no aguantaba ni a los homosexuales ni a la gente con libido, estaban o estrictamente prohibidas o debían pasar por un proceso de revisión y ajustes. 

Claro que el funcionamiento del código era más complejo que esto, había muchos intereses de por medio y todos sabemos que, cuando hay dinero de por medio, un código sirve más como terreno de negociación que como reglas que deben ser seguidas. 

Y pues bueno, aunque la gente heterosexual no lo quiera creer, la gente con sexualidades diversas siempre ha existido y ha buscado maneras de contar sus historias, aunque los estándares morales de su época fruncieran el ceño ante sus preferencias. Por lo que no es sorprendente que cuando el código entró en vigor se encontró una manera de evadir al sistema. 

Es así que, muchos villanos comenzaron a caracterizarse por tener ciertas actitudes extravagantes. El caballero con acento inglés, soltero, con gesticulaciones ligeramente femeninas y cierto gusto por la moda, o la imponente mujer que podía ser frígida, cruel, hipermasculina, o tener una actitud depredadora hacia las otras mujeres en el filme, ustedes escojan su estereotipo favorito. Al final del día se les permitió existir y su presencia era perdonada porque al llegar el desenlace estos personajes siempre eran eliminados o “arreglados”. 

Con el paso del tiempo algunas de estas características también se fueron colando en otros personajes, coprotagonistas o personajes secundarios comenzaron a presentar algunas de estas señales. Pero al final su destino era el mismo, la muerte o alguna escena forzada que nos estableciera que a pesar de todas señales este personaje es 100% heterosexual. Y mejor no hablamos de los hombres o mujeres en drag que sirven como alivio cómico. 

La magia de esta codificación reside en que las personas que la crearon sabían perfectamente cómo llegar a su público objetivo sin levantar demasiadas sospechas en aquellos que no estaban iniciados. Si no me creen pueden preguntar a sus padres o abuelos si notaron el subtexto gay en Rebelde sin causa

I, David de yumikrum bajo licencia de Creative Commons (CC BY-NC-ND 2.0)

Pero volvamos a los antagonistas.

Estos esfuerzos nos han dejado un gran número de personajes interesantes a los cuales analizar, porque, seamos sinceros, a veces la parte más interesante de una película es desmenuzar cada una de las motivaciones y gestos del que está haciendo las cosas difíciles para el héroe. 

Sin embargo, el gran problema con esto es la parte del mensaje que sí es clara para todos: 

Las personas con este tipo de inclinaciones no tienen un final feliz.

Tus opciones son terminar muerto, herido, entrar en una relación heterosexual que no engaña a nadie o, en el mejor de los casos, que tu identidad sea el punch line de la trama. 

Lo que me parece más triste del asunto es que, visto en retrospectiva, esto no solo es Hollywood reforzando un sistema discriminatorio, son creadores compartiendo sus vivencias a través de la ficción. Son ellos expresando su entendimiento del lugar que tienen en la trama de la vida. Es el conocimiento de que, si se rehúsan a abandonar este camino, nunca van a poder ser el héroe o la heroína que al final del día consigue volver con su ser amado para tener 2.5 hijos y una casa en los suburbios. 

Y sé perfectamente que no toda la gente de la comunidad tiene este deseo, pero hey todo el mundo debería tener la oportunidad. 

Además, no podemos fingir que el cine era el único espacio en el que no estaba permitido salirse de la heteronorma. El código Hays simplemente daba una guía resumida de todo aquello que la sociedad norteamericana no estaba dispuesta a aceptar. De todo aquello que consideraba que podía pervertir sus preciosos cimientos morales. 

En fin, los años en los que el código Hays estuvo vigente sirvieron para establecer ciertos elementos estereotípicos de un antagonista. Lo que nos llevó a personajes icónicos de nuestra niñez como Scar, Hades, Úrsula y el gobernador Ratcliffe (cuya falla no era ser un cerdo colonizador, sino ser un hombre extravagante y ambicioso). Todos amanerados, sarcásticos, inteligentes, con una vileza que tiene algo de gracia y mucho rencor hacia el resto del mundo. 

Al final del día, creo que este último punto es lo que siempre me deja un mal sabor de boca. 

No solo es que sistemáticamente se nos niega un final feliz, es que se encuentra una manera de justificar el porqué se nos es negado.

Porque claramente, es nuestra culpa. 

De alguna manera el no encajar, nos ha hecho repudiar al sistema y eso malo. Somos las figuras de poder frígidas y poco femeninas que intentamos llevar a castas señoritas a nuestros lechos; somos el mejor amigo que traiciona al protagonista o muere al final de la película; ¡somos el que mató a Mufasa!

El problema con esto a mí me parece muy claro. 

Al final del día estamos hechos de historias.

Y ya estoy escuchando a más de uno decirme: “Es que hay que saber diferenciar entre la ficción y la realidad”. Pues sí, les juro que ninguno de nosotros se cree la bruja malvada del mar y anda buscando jovencitas para robarles la voz. La cuestión es que si tus primeros acercamientos a una parte de tu identidad son solo figuras negativas, te hace cuestionarte si tú también estás mal. Si ves a Bugs Bunny trasvistiéndose para engañar y hacer una broma y todo se ríen de lo que hace, más adelante las burlas hacia las personas trans o que no se adhieren a las normas binarias de género parecen estar justificadas. 

Y no estoy diciendo que cancelemos a todas las producciones audiovisuales hechas antes de 2021. Les pido que las veamos con ojos críticos. Que en lugar de que me digan que les estoy intentando arruinar la infancia, se sienten a intentar comprender por qué estos estereotipos son tan dañinos. Que intenten comprender por qué insistimos en que la representación positiva es necesaria. Que por el amor a todo lo que es bello en este mundo, dejen de quejarse cuando un personaje no es heterosexual.

El cine todavía no logra deshacerse por completo de estos estereotipos y tal vez nunca lo haga. Pero existen películas que me hacen tener esperanza en el futuro, Hoy quiero volver solito (2014), Si supieras (2020) e incluso Happiest Season (2020) (es la rom-com navideña queer que mi corazón necesitaba), son solo algunos ejemplos de la diversidad en las historias que hoy podemos encontrar.

Como comunidad hemos caminado un camino muy difícil desde… pues prácticamente desde que el mundo es mundo, (les ruego que no intenten meter a los griegos en esto porque no va a ser bonito). Pero hoy en día me alegra poder voltear a ver el pasado y ver que hemos logrado avanzar, tal vez no a pasos agigantados, tal vez no al ritmo que desearíamos. Sabemos que el camino todavía es larguísimo. Sin embargo, es importante no perder la brújula y comprender que antes de nosotros hubieron personas que despejaron ya una buena parte del camino para hacer nuestro trayecto un poco menos pesado. 

May González

Fuentes:

https://www.youtube.com/watch?v=4Nx1aD9Khg0&t=157s

https://yourqueerstory.com/queer-coding-in-film/

Deconstructing Disney: Queer Coding and Masculinity in Pocahontas

https://www.mysterytribune.com/hitchcocktober-on-queer-coding-in-hitchcock-films/

Deja un comentario