Sí, lo soy.-Huitzilin

5–7 minutos

SMP Pride de Sam T bajo licencia de Creative Commons (CC BY-NC-ND 2.0)

En mi adolescencia tuve dos amigues que hasta la fecha recuerdo con gran cariño. Un día por la mañana nos encontrábamos sentados en la cafetería de la escuela, esperando un arroz yakimeshi, durante ese tiempo ellxs entre risas y pena, me confesaron su orientación sexual, con naturalidad solo les dije “¡Qué chido!”; con el paso de los días nos fuimos haciendo más y más amigues. Ahí fue mi primer acercamiento a la comunidad LGBTTTIQ+ y el inicio de grandes vivencias en Zona Rosa y mis primeras marchas llenas de arcoíris y bailes. Por muchos años cuestioné mi orientación sexual, cuando comencé a tener atracción por las personas de mi mismo género (y esta vez no eran dibujos de anime o algún personaje de alguna serie de TV), llegué a espantarme mucho. A pesar de tener amigos de la comunidad, de hecho dentro del círculo social en el que estaba mi etiqueta era “la buga”. Recuerdo el día que vi por primera vez a aquella chica por las escaleras de la preparatoria, me pareció que era la mujer más hermosa del mundo. Si no fuera por mis amigues hartos de verme admirarla a lo lejos y con miedo a lo que sentía, un día jugando en el pasto me quitaron un tenis y lo aventaron hacia donde ella se encontraba sentada leyendo, con temor me acerqué y platiqué con ella. Si no hubiera sido por esa acción seguro no me hubiera aventurado a descubrir y a aceptarme quien soy y poder decir (en cierta forma): SÍ, SOY BISEXUAL.También recuerdo el día que salí con mis amigues al bosque de Tláhuac, iba de la mano de ella, de la primera chica de quien me enamoré. Nos encontrábamos en un área verde platicando, riendo —yo me encontraba fascinada, era la primera vez que salía con ella fuera de la escuela tomada de la mano— , de pronto unas personas nos señalaron e hicieron un gesto de repudio; ella me soltó, me sentí triste e incómoda porque a mi no me importaba lo que habían hecho esa gente, pero a ella sí. Sentí un hueco en el estómago, ahí fue la primera vez que fui consciente de que fuimos agredidas y que no era seguro estar juntas fuera de la escuela. Solo dentro de la preparatoria, debajo de aquellas escaleras, entre nuestros amigues, entre risas, en la espera entre clase y clase, durante toda mi estancia estando ahí en el turno de la tarde, me sentía libre y feliz de poder mostrar mi sentir hacia ella. 

Tiempo después se terminó esa relación y más tiempo después me volví a enamorar, esta vez de un chico. Aquí comienza mi conflicto.

Mi vestimenta cambió y con ello mis intereses, mi forma de ser fue más sociable y crecieron mis ganas de conocer más al mundo, pero también surgieron cambios en el lugar donde me sentía segura y libre, ya no lo era. Los comentarios y chismes con o sin mi presencia llegaban a mis oídos; comentarios como «¿No que te gustaban las mujeres?», “Lo tuyo es pura moda, wey”, «¿Ahora te hiciste buga?», «¿No que eras lencha?» «¿Es cierto que anduviste con una mujer?», «No existe la gente bisexual, eso es una etapa. No te pueden gustar los dos, decídete”, »Los que se hacen llamar bisexuales es gente indecisa”,»A mí se me hace que solo estabas confundida”,”¿Qué te gustan más los hombres o las mujeres?”, entre otros. Y ni hablemos de los comentarios que recibió en ese entonces mi novio, los cuales decían AUN YO ESTANDO AHÍ PRESENTE, actuando como si no existiera: «pues cada quien su taparrabos ¿No, carnal?», “Oye, ella no era novia de …”, “¡Órale! ahora sí tienes posibilidades de partida doble”, y más. Llegó un punto que en esa relación él me comentó: 

—Muchos mencionan que saliste con esa chica. 

—Así es.

—Me pongo a pensar que yo solo… 

—Salí con ella, ahora es mi amiga, la quiero y no voy a negar quien soy solo porque tus amigos hacen comentarios como si no existiera.

Todes, quienes me conocían, hablaban de mi orientación sexual, todes lxs que escuché hablar y/o me enteré que hablaron se sintieron con el derecho de cuestionarme y juzgarme. Decidí aceptar ser quien soy, sentirme segura otra vez en ese lugar, porque era mi espacio y es donde conocí más de mí.

Con el paso del tiempo y al relacionarme con otras personas, me fui aceptando, pero esto no solo abarcaba en el entorno hetero-normado, sino que también una parte de la misma comunidad LGBTTTIQ+ llegó a hacerme comentarios bifóbicos, sin embargo, sé que algunes no lo hicieron con afán de herir, la gente ignora y al ignorar daña sin percatarse. Yo ignoraba mucho, no solo de mí, sino también de lxs otres que se encontraban a mi alrededor.

Relacionarme de forma sexoafectiva con otres a veces es incómodo, es molesto; por una parte hay personas (en su mayoría hombres) que al enterarse de mi bisexualidad parece ser sinónimo de: “hagamos un trío”, por otro lado pareciera ser sinónimo de “inestabilidad emocional”, o recibir una clasica frase “o sea, que cojes con cualquiera” o hasta de ser señalade como alguien con una “problemática psicológica”. —Dato irónico, que en pleno 2021 y dentro de la misma comunidad homosexual, la cual fue clasificada por muchos años como personas con una enfermedad mental, señalen que ser bisexual es un problema psicológico—. 

Healthy de Diambil Dari bajo licencia de Creative Commons (CC BY-NC 2.0)

En fin, mi objetivo ante este escrito no era hacerme la quejumbrosa, pero… ¿Por qué no? Hay que señalar que la bifobia existe y que daña, siembra invisibilidad y prejuicio. Por muchos años negué mi bisexualidad, cuando la acepté empecé a ser más feliz con mis amigues, seguido de mis relaciones amorosas fui un poco más selectiva, me sentí tranquila segura y plena. Aunque, hasta la fecha aún me da miedo que lo sepa una parte de mi familia, solo mis hermanes saben quien soy y eso me hace sentir bien, por el momento me basta… pero ¿Por qué? ¿Por qué tenemos que dar cuentas de ello? digo, no hay gente heterosexual que tenga que salir del closet o esconderse para manifestar su atracción o amor a su sexo opuesto.
Hace años jamás pensé que Junio y el arcoíris fueran un símbolo importante para mi calendario y para mi vida social. Hoy me siento con la confianza y la certeza de quien soy, así como también de luchar y apoyar a los que se sienten inseguros de mostrar quienes son, porque la gente bisexual existe y somos parte de la comunidad LGBTTTIQ+, no es una moda o queremos llamar la atención, simplemente nos gustan los hombres y mujeres.

Huitzilin Martínez.

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