
Te alzas ahí solitario,
móvil y del cuerpo tirano,
sabes que el deseo se salta
hasta la concepción más santa
y que nosotros, vil delirio,
seguiremos la escafandra de tu aliento.
Has sido fruto del prohibido,
testigo de dios lento,
mirador de las entrañas,
tejedor de tibias mañas
y, en tiempo libre, sueñas los confines
mientras olvidas, y olvidamos,
el proceso por los fines
escurriendo en lo no creado…
¡Qué sería de nosotros sin ti!
Tú que has caído y vuelto
eternamente por mí,
por él, ella, cualquiera
preciado por tus púlpitos de puerto
y cuyo amor, posible o indecible, quisieras.
Te yergues de nuevo,
te jactas de soltar lo que quiero
y solitario acompañado,
despierto de noche
o de día desmañando,
la imaginación reverberante
te espera como amante
para dejar tirado tu derroche.
¿Cómo no soñar contigo,
ser infinito abismo
de tu carne, pecador
siendo testigo,
oficial catador
de tu jugo manuscrito?
Duncan Axel P. H.
Deja un comentario